Por primera vez, el Plan Nacional de Cultura 2024-2038 incluye un capítulo dedicado exclusivamente a los pueblos indígenas, construido mediante consulta previa y con la participación de más de 80.000 voces en todo el territorio nacional.
El próximo 30 de junio de 2026, el Teatro Colón de Bogotá será escenario de un acto que trasciende lo ceremonial. Allí se presentará oficialmente el Capítulo de Pueblos Indígenas del Plan Nacional de Cultura 2024-2038, un documento que no solo marca un hito en la política cultural del país, sino que reconoce, por primera vez en la historia, la deuda histórica con los guardianes de la diversidad biocultural de Colombia.
Este capítulo no nació en los escritorios de los ministerios. Fue tejido en territorio, con la palabra de los pueblos. Durante dos años, entre 2024 y 2025, delegados de 31 departamentos participaron en 50 encuentros donde se recogieron mandatos, orientaciones y propuestas sobre las barreras que enfrentan los pueblos indígenas para ejercer plenamente sus derechos culturales. Fue un proceso de Consulta Previa, Libre e Informada que involucró a las siete organizaciones indígenas que integran la Mesa Permanente de Concertación: ONIC, OPIAC, Confederación Indígena Tayrona, AICO, Gobierno Mayor, CRIC y AISO.
Más de 82.000 voces participaron en la fase diagnóstica del Plan Nacional de Cultura, una cifra que multiplica por casi 3,5 veces la participación del plan anterior. De ese torrente de palabra colectiva surgió la necesidad de proteger la diversidad cultural desde los territorios, de reconocer los lazos profundos entre las comunidades, sus saberes ancestrales y la naturaleza que los sustenta.
El documento final establece 38 acciones orientadoras producto del diálogo técnico y político con diez entidades del Gobierno Nacional. Su enfoque reconoce la relación integral entre los sistemas de conocimiento indígena, las prácticas culturales y los territorios, y orienta la acción articulada del Estado para garantizar los derechos culturales, fortalecer el Gobierno Propio, respetar los saberes ancestrales y proteger el patrimonio material e inmaterial.
Este capítulo no es un simple anexo burocrático. Es una brújula para los próximos catorce años. Facilitará el diseño, gestión, implementación, seguimiento y evaluación de políticas, planes, programas y proyectos del sector cultura, en articulación con departamentos, distritos y municipios.
En el Teatro Colón, donde la cultura oficial ha tenido su altar durante décadas, los pueblos indígenas ocuparán el centro del escenario. No como espectadores, sino como protagonistas de una narrativa que durante demasiado tiempo fue contada por otros. La presentación del 30 de junio será la constatación de que la diversidad cultural de Colombia no es un adorno folclórico, sino el corazón mismo de la nación.
Como lo expresa la introducción del Plan: «La diversidad de la vida en Colombia se revela en la riqueza biológica que nos posiciona como una de las naciones más biodiversas del mundo, y en la inmensa riqueza cultural que encontramos en todo el territorio nacional». Este capítulo es el compromiso de que esa riqueza no solo se proteja, sino que crezca y se desarrolle con la guía de sus legítimos custodios. La cita en el Teatro Colón no será un punto de llegada, sino de partida. Allí se encenderá la mecha de un camino que, durante catorce años, deberá recorrer los territorios, las lenguas, los rituales y las memorias de los pueblos indígenas de Colombia. La historia está en sus manos, y el país entero tiene una cita con su propia diversidad.
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