En cinco años la localidad sumó cuatro feminicidios, 5.818 denuncias de violencia intrafamiliar con víctima mujer y 530 mujeres valoradas en riesgo de ser asesinadas. Ahora la Alcaldía Local promete vincular a 3.000 mujeres a un programa de prevención. La pregunta que se hace la cuadra es sencilla: ¿el papel se convierte en vida?
Hay promesas que caben en un contrato y realidades que no caben en ninguna. La prevención del feminicidio en Rafael Uribe Uribe vive hoy esa tensión: mientras la Alcaldía Local pone en marcha un programa para atender a miles de mujeres, las cifras oficiales de la propia Secretaría Distrital de la Mujer dibujan un territorio donde la violencia de género no da tregua. Entender ese choque —lo que se anuncia contra lo que ocurre en la vivienda, la calle y el paradero— es la única forma de que la comunidad sepa qué exigir.
La promesa: 3.000 mujeres, 8 iniciativas y un plan con nombre propio
El anexo técnico del proyecto local, radicado bajo el Plan de Desarrollo “Rafael Uribe Uribe Camina Segura”, no es poca cosa. Reúne dos apuestas: el proyecto 2532, que busca vincular a 8.000 personas en acciones contra el feminicidio y la violencia basada en género (2.000 en la vigencia 2025), y el proyecto 2268, orientado a fortalecer la autonomía económica de 2.600 mujeres. En total, el contrato prevé beneficiar de forma directa a 3.000 mujeres que residen, trabajan o tienen vínculo comunitario en la localidad.
La letra menuda importa, porque define a quién se le abre la puerta. La población priorizada incluye sobrevivientes de violencia de género y de feminicidio frustrado, madres cabeza de hogar, mujeres trabajadoras sexuales, mujeres con discapacidad, mujeres LBT, migrantes y adultas mayores con barreras de acceso. No es una lista decorativa: son, exactamente, los rostros que las estadísticas suelen dejar por fuera. El programa se cocinó a través de mesas de cocreación con liderazgos comunitarios, de donde salieron ocho iniciativas de presupuestos participativos —desde cápsulas audiovisuales con mujeres LBT sobrevivientes hasta el encuentro de mujeres indígenas Warmikuna y el proyecto “Ni una más en RUU”— que ahora deben ejecutarse con formación en derechos, acompañamiento psicosocial y jurídico y estrategias de emprendimiento.
La tesis institucional es clara: invertir, formar y acompañar previene. La antítesis la escriben, año tras año, los registros de Medicina Legal y la Fiscalía.
El reverso: lo que dicen las cifras de la localidad
Aquí conviene bajar del anuncio al dato duro y territorial. Según el diagnóstico local 2025 del Observatorio de Mujeres y Equidad de Género (OMEG), entre 2020 y 2024 la Fiscalía tipificó 88 feminicidios en Bogotá, cuatro de ellos en Rafael Uribe Uribe (dos en 2023 y dos en 2024). En los primeros nueve meses de 2025 la localidad no registró casos tipificados, un respiro que no puede leerse como victoria: Medicina Legal contabilizó cinco asesinatos de mujeres en la localidad en ese mismo lapso.
El feminicidio, recuerdan las expertas, es apenas el punto final de un continuum. Antes están las señales de alarma. Entre 2020 y 2024, Medicina Legal valoró a 530 mujeres de Rafael Uribe Uribe en riesgo de feminicidio —el 6% del total de Bogotá—, mujeres que llegaron a un reconocimiento medicolegal por violencia de pareja o expareja. Y detrás de ese riesgo hay un volumen que aturde: 5.818 denuncias de violencia intrafamiliar con víctima mujer en la localidad en el mismo quinquenio, más 1.251 denuncias por delitos sexuales y 2.522 por lesiones personales. En siete de cada diez casos de violencia intrafamiliar el agresor fue la pareja o expareja; en ocho de cada diez, el hecho ocurrió en la propia casa de la víctima. El lugar que debería ser refugio es, con demasiada frecuencia, la escena del delito.
Las más jóvenes cargan un peso desproporcionado. Ocho de cada diez valoraciones por violencia sexual en la localidad se practicaron a menores de edad, y en la mitad de esos casos el responsable era un familiar. La Encuesta de Movilidad 2023 añade una capa cotidiana: el 12,4% de las mujeres de la localidad de 10 años o más dijo haber sufrido algún acto de violencia sexual en la calle o en el transporte público durante el último año. La violencia, en síntesis, no espera a la noche ni a un callejón: viaja en el bus de las 6 de la mañana.
Radiografía de la violencia de género en Rafael Uribe Uribe
Datos oficiales OMEG – Secretaría Distrital de la Mujer, diagnóstico local 2025 (series 2020–2024).
| Indicador | Dato (Rafael Uribe Uribe) | Nota |
| Feminicidios tipificados (2020–2024) | 4 casos en la localidad | 6% en riesgo |
| Mujeres valoradas en riesgo de feminicidio | 530 (2020–2024) | 6% de Bogotá |
| Denuncias de violencia intrafamiliar (víctima mujer) | 5.818 (2020–2024) | 70% pareja/expareja |
| Denuncias por delitos sexuales (víctima mujer) | 1.251 (2020–2024) | 80% a menores |
| Denuncias por lesiones personales (víctima mujer) | 2.522 (2020–2024) | — |
| Violencia sexual en calle/transporte (2023) | 12,4% de las mujeres | 10 años o más |
| Mujeres empresarias (personas jurídicas, 2024) | 30% | brecha económica |
| Meta del programa local | 3.000 mujeres vinculadas | 8 iniciativas |
Fuentes: OMEG (Secretaría Distrital de la Mujer), Siedco – Policía Nacional, Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Cámara de Comercio de Bogotá (2024) y Encuesta de Movilidad 2023. Metas: Anexo Técnico proyectos 2268 y 2532, Alcaldía Local de Rafael Uribe Uribe.
Autonomía económica: la otra cara del riesgo
Si algo enseñan las trabajadoras sociales del territorio es que la dependencia económica es una cárcel silenciosa. Por eso el segundo componente del programa —fortalecer la autonomía económica de las mujeres— no es un anexo secundario, sino la médula de cualquier prevención seria. Los números locales lo confirman: en 2024, de las 9.582 matrículas mercantiles de personas naturales registradas en la localidad, las mujeres apenas alcanzaban el 47%, y entre las personas jurídicas —las empresas con mayor capacidad— la proporción caía al 30%. Cuanto más grande la empresa, menos mujeres al frente. Sin ingreso propio, denunciar y salir de un ciclo de violencia se vuelve un lujo que muchas no pueden pagar.
La apuesta por kits de emprendimiento, formación en liderazgo y acompañamiento tiene, entonces, un sentido dialéctico: no basta con enseñar a reconocer la violencia si, al terminar el taller, la mujer regresa a depender del mismo hombre que la agrede. La autonomía no es un premio; es la condición material de la libertad.
La sombra que obliga a la veeduría
Ningún análisis honesto puede cerrar los ojos ante el historial. Durante 2025, informes de organismos de control encendieron alarmas sobre presuntas irregularidades en la contratación de recursos destinados a la prevención de violencias en varias localidades de Bogotá. El anexo técnico de Rafael Uribe Uribe, de hecho, ya circula en repositorios de veeduría ciudadana. Esto no significa que este contrato esté viciado; significa que la comunidad tiene todo el derecho —y el deber— de vigilarlo.
El propio documento ofrece las herramientas: obliga a presentaciones públicas ante la comunidad y ante la Junta Administradora Local, a informes con soporte fotográfico y a bases de datos de participantes. Traducido a la cuadra: cualquier vecina puede preguntar cuántas mujeres se vincularon, en qué barrios y con qué resultados. La transparencia deja de ser un adorno del pliego y se convierte en una llave que la ciudadanía puede girar.
La síntesis no la firma un contratista ni la decreta la Alcaldía. La construyen las mujeres de la localidad cuando el derecho escrito se vuelve ruta caminada.
Del papel a la cuadra: una síntesis pendiente
La contradicción es evidente y, a la vez, fértil. Por un lado, una institucionalidad que —con presupuesto participativo, política pública 2020-2030 y consejos locales de seguridad para las mujeres— dispone de más herramientas que nunca. Por el otro, un territorio donde la violencia intrafamiliar, sexual y de pareja sigue golpeando a miles de mujeres cada año, y donde la salud mental femenina también sangra: dos de cada tres casos de intento suicida en la localidad entre 2020 y 2024 fueron de mujeres.
La superación de esa contradicción no vendrá de un solo taller ni de una sola valla publicitaria. Vendrá de la articulación sostenida entre el Estado que invierte y la comunidad que vigila, exige y acompaña. Rafael Uribe Uribe tiene, en 2026, una oportunidad concreta de que los compromisos en papel se conviertan en transformaciones reales. Que lo haga o no dependerá, en buena medida, de que la ciudadanía no suelte el aguijón.
LO QUE PUEDES HACER HOY
La prevención del feminicidio en Rafael Uribe Uribe no es tarea exclusiva de la Alcaldía: también es tuya. Asiste a la presentación pública del proyecto, pregunta por las cifras de vinculación en tu UPZ y exige rendición de cuentas ante la Junta Administradora Local. Si conoces a una mujer en riesgo, comparte las rutas de atención. Y si algo no cuadra en la ejecución del contrato, denúncialo: la veeduría ciudadana es legal, gratuita y salva vidas.
👉 Comparte este artículo, guárdate las líneas de atención y cuéntanos en los comentarios: ¿has visto llegar el programa a tu barrio?
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