Mientras los vecinos arreglaban las máquinas de gimnasio y limpiaban el bosque, un rumor sobre el desmantelamiento del cerramiento del parque Cedro Golf, por quejas de dos personas en la alcaldía local, pone nerviosa la comunidad del sector por todo lo que esto implica en seguridad y convivencia. Aunque hasta ahora no se encontraron fuentes públicas sobre algún expediente de una querella (quién la interpuso ni qué entidad la impulsa), de ser cierto, el pulmón verde de Usaquén quedará abierto día y expuesto de noche. ¿Quitarlo amplía el espacio público o lo deja expuesto?
El jueves 17 de septiembre de 2026, entre las 8:30 a.m. y las 2:00 p.m., vecinos del barrio se reunieron en la carrera 7H para una jornada de embellecimiento. Según la transmisión del canal Telesalud y Derecho Televisión y el Aguijón del Escorpión, la jornada la gestionaron la mesa técnica, la JAC de Cedro Golf, la comunidad y el IDRD, que llevó la ambulancia ambiental. Los operarios soldaron bases de las máquinas de ejercicio, las pintaron y repararon el aviso de rutinas recomendadas; la comunidad hizo el aseo del sector del Bosque Urbano.
Fue una muestra de trabajo conjunto entre Estado y vecinos. Pero la misma transmisión incluyó una advertencia: para el 24 de noviembre está programada una audiencia de conciliación que podría poner en riesgo el desmonte del cerramiento del parque.
De campo de golf privado a parque de todos
El nombre del barrio recuerda su origen. Según la Junta de Acción Comunal, La Casona, vestigio de la antigua Hacienda El Cedro, fue la casa del club de golf del que nació el parque. Esa casona, antiguo depósito de granos de la hacienda, fue declarada Monumento Nacional al inaugurarse la Casa Museo, el 2 de abril de 1982.
El carácter privado no se mantuvo. La JAC relata que algunos vecinos dejaron de pagar la administración que mantenía el campo, los términos que lo preservaban como privado vencieron y el Distrito lo declaró público. El parque tiene 37.428 metros cuadrados, de los cuales cerca de 33.453 son áreas verdes según el Jardín Botánico. La JAC indica que es un parque vecinal administrado por el IDRD, el DADEP y la Alcaldía Local de Usaquén; en la transmisión de la jornada, la comunidad lo describe como un bosque de 3 hectáreas con 800 árboles.
Un matiz clave: el cerramiento no lo hace un parque privado, tampoco impide la entrada del público. Las puertas, a cargo de vigilantes privados por órdenes de la comunidad, son abiertas al público desde las 6 am hasta la 6 pm. todo por razones de seguridad




Lo que ha cambiado y lo que temen los vecinos
El parque ha cambiado con los años. En la memoria viva del sector, se encuentra que antes el ingreso estaba carnetizado y aún había patos y otros animales. También, otro residente advertía que faltaba seguridad dentro del parque y sus alrededores, especialmente sobre la calle 151 lo que hacia el sitio inseguro.
La pregunta que plantean los vecinos es ¿qué pasaría con un bosque de ese tamaño entre las 6 p.m. y las 6 a.m. si ya no pudiera cerrarse?.
La comunidad lo resume en la descripción de la jornada: sin el cercado, el bosque quedaría desprotegido y los vecinos expuestos a la llegada de ciudadanos de calle, atracadores de profesión, consumidores de psicoactivos y a riesgos para quienes regresan tarde a sus casas.
El argumento del otro lado, que hay que tomar en serio
Sería deshonesto presentar esto como una lucha entre buenos y malos. Quienes defienden quitar los cerramientos tienen razones de peso. El espacio público está protegido por el artículo 82 de la Constitución, y en 2008 un medio nacional reportaba unas 1.500 querellas en alcaldías locales para recuperar zonas verdes, en especial parques dentro de conjuntos residenciales. La posición del Distrito ha sido que esas querellas siguen su curso, porque el Acuerdo 433 de 2010 busca garantizar la seguridad en parques vecinales y de bolsillo, no legalizar las rejas. Cuando se discutió permitir cerramientos en 2008, la concejal Gilma Jiménez lo calificó como un retroceso de una década en la construcción de una ciudad igualitaria.
También hay una tesis urbanística conocida, asociada a la urbanista Jane Jacobs: un espacio es más seguro cuando tiene gente y «ojos en la calle». Desde esa perspectiva, una reja podría desplazar el problema hacia las calles vecinas en lugar de resolverlo.
Pero la realidad no se resuelve con principios abstractos
La contradicción más llamativa la ofrece el propio Distrito. En 2026, la Alcaldía presentó la recuperación del Parque Santander, en el centro, e incluyó entre sus medidas la instalación de cerramientos y controles de acceso para evitar la reocupación criminal del parque. Si la reja es una herramienta legítima de seguridad frente al microtráfico en el centro de la ciudad, cabe preguntar por qué no lo sería en Cedro Golf.
La ley tampoco es tan cerrada como parece. El Acuerdo 433 prevé que el IDRD autorice las adecuaciones de amoblamiento ya instaladas en parques vecinales y de bolsillo antes de su vigencia, previa solicitud que cumpla los requisitos del instructivo. Es decir, existe una vía para regularizar, no solo para demoler.
Y la historia de Bogotá recuerda que estos desmontes no son trámites inocuos. En diciembre de 2000, en el barrio Luna Park, durante una diligencia para derribar un muro que los vecinos habían levantado por seguridad, la estructura cayó sobre dos residentes, Irma Prieto y William Villalobos, que murieron. Fue a raíz de esa tragedia que se decidió que ningún cerramiento podía retirarse sin un acto administrativo previo, tramitado mediante querella. La lección no fue que las rejas son buenas, sino que las decisiones sobre ellas deben tomarse con prudencia y escuchando a quienes viven al lado.
Una salida que no sea blanco o negro
El dilema real no es «reja sí o reja no». Es cómo garantizar que un parque sea de todos sin que quede sin control de noche. En Cedro Golf ya hay una comunidad organizada, una mesa técnica con las entidades y un horario de acceso abierto al público. Quitar la reja sin un plan de iluminación, vigilancia y presencia institucional nocturna difícilmente ampliaría el disfrute del espacio público.
La audiencia de conciliación del 24 de noviembre será la prueba. El Distrito puede aplicar la norma de manera mecánica o reconocer que la reja de Cedro Golf, abierta doce horas al día y cuidada por los vecinos, puede ser parte de la solución. Lo que no debería ocurrir es que se decida el futuro del parque sin evaluar lo que pasa allí después de las seis de la tarde.
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